Parece que Bad Bunny hizo historia con su presentación en el medio tiempo del Super Bowl LX, el pasado domingo 8 de febrero, y no dejó a nadie indiferente.

La verdad es que aunque pocos shows de medio tiempo han tenido tanto en juego, el astro puertorriqueño tampoco tenía nada que perder.

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Por un lado, todos los ojos estaban puestos en él —con la excepción de los pocos que prefirieron sintonizar el show alternativo de Turning Point USA—, especialmente después de que algunos críticos se quejaran de su elección como protagonista del show de medio tiempo (aunque con seguridad muchas de estas personas no saben distinguir a Karol G de Kenny G). Por otro lado, Bad Bunny lleva más de un año de éxito, ganando en todos los sentidos posibles —literalmente, incluso en los Grammy de la semana pasada—, así que su aparición en el escenario más grande del mundo solo podía confirmar lo que ya todos sabemos: que es uno de los artistas más dominantes y queridos del planeta.

En el gran escenario del Super Bowl, Bad Bunny mostró por qué es uno de los mejores artistas pop de su generación: diseño meticuloso, instintos creativos brillantes y mensajes universales, todo acompañado de su voz única, su estilo inigualable y algunos de los mejores hits (y joyas ocultas) de la última década. Y aunque invitó a todos a la fiesta en su “casita”, también tuvo un mensaje claro para los que aún dudaban de su lugar en ese escenario.

Desde el inicio, los visuales dejaron claro que esto iba a ser un homenaje a Puerto Rico. Bad Bunny arrancó caminando por un campo de caña de azúcar, rapeando “Tití Me Preguntó” de Un Verano Sin Ti, rodeado de gente jugando dominó, mujeres haciéndose las uñas, vendedores de tacos y hasta boxeadores. Después, nos transportó al set de “la casita”, que se ha convertido en parte de su iconografía gracias a su residencia No Me Quiero Ir De Aquí en Puerto Rico. Entre los invitados famosos estaban Cardi B, Jessica Alba y Pedro Pascal. Tener a tantas estrellas de alto nivel ahí, como simples “invitados a la casa”, mostró el poder de convocatoria de Bad Bunny sin que las apariciones eclipsaran el show.

Pero los verdaderos protagonistas invitados fueron sus dos acompañantes musicales: Lady Gaga, que sorprendió con una versión estilo salsa de “Die With a Smile” (su colaboración con Bruno Mars), y Ricky Martin, quien interpretó “Lo Que Le Pasó a Hawaii”, la sentido canción de Bad Bunny donde advierte que Puerto Rico podría tener el mismo destino que Hawaii.

Además, estaba la pareja a la que Bad Bunny entregó un anillo de compromiso al inicio del show; su boda y fiesta de matrimonio fueron un hilo conductor durante el show. Aunque la recepción que vimos durante “Baile Inolvidable” fue obviamente ficticia, la boda en sí fue real, lo que le dio al show un aire más auténtico y cercano. La energía del show fue tan fluida que todo se sintió como un día cualquiera en la vida de un artista que, a pesar de su fama mundial, sigue siendo ese “tipo normal que hace música”, como él mismo ha dicho.

Pero, claro, los “tipos normales” no suelen estar en el centro de tormentas políticas como las que ha enfrentado Bad Bunny desde que se anunció su participación en el Super Bowl. Aunque evitó hacer declaraciones directas, su orgullo puertorriqueño fue evidente en cada segundo. En lugar de cerrar con “DtMF”, que habría sido la elección obvia por ser uno de sus mayores hits, eligió dos canciones que son menos populares en streaming, pero profundamente puertorriqueñas: “El Apagón” y “Café Con Ron”. Estas canciones sirvieron como banda sonora mientras ondeaba la bandera de Puerto Rico y decía unas palabras que quedarán marcadas: “Dios bendiga a América… ya sea Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Perú, Ecuador, Brasil, Colombia, Venezuela, Guyana, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala, México, Cuba, República Dominicana, Jamaica… Estados Unidos, Canadá, y mi patria, mi barrio, Puerto Rico, seguimos aquí”.

Después de eso, cerró con un breve fragmento de Fotos y celebró el final lanzando al piso un balón de fútbol americano que decía “Juntos, somos América”. En la pantalla, apareció el mensaje: “Lo único más poderoso que el odio es el amor”.

El simple hecho de que Bad Bunny se presentara en el escenario más grande del mundo ya era un acto político. Como un artista mundialmente famoso, que canta en español y es abiertamente pro-inmigración, su presencia en un tiempo donde las redadas de ICE son una amenaza constante en Estados Unidos, fue un mensaje claro. Pero hacerlo con un show tan alegre y lleno de orgullo por su cultura, dejando en claro de dónde viene, quién es y a quién representa, se sintió como un momento histórico en su carrera.

¿El mensaje llegó a quienes más lo necesitaban? Tal vez no. Quizás estaban ocupados viendo a Kid Rock y Lee Greenwood, quejándose de que el show no fue como los de rock clásico de antes, o simplemente despotricando en Twitter y las redes sociales como lo hizo el presidente Trump. Pero puede que haya llegado a algunos. Y si no, al menos quedó claro que el equipo de Bad Bunny sabe cómo hacer una fiesta mucho mejor y más emocionante.



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